Esta soy yo
Esta soy yo
No se me da demasiado bien hablar de mí.
Siempre he pensado que las personas se conocen mejor a través de las conversaciones, de los pequeños gestos y de las historias que deciden contar.
Aun así, si has llegado hasta aquí, me gustaría abrir un poquito la puerta y dejarte pasar.
Se me da mejor escuchar que hablar.
Uno de los motivos es que soy muy impulsiva y, sin pretenderlo, a veces interrumpo las conversaciones. Enseguida me doy cuenta, me arrepiento y me queda una incómoda sensación de malestar.
Quizá por eso la escritura siempre ha sido una herramienta maravillosa para mí. Sobre el papel nunca interrumpo a nadie. Puedo escucharme, ordenar lo que pienso y encontrar la calma. Es uno de los pocos lugares donde me siento completamente en paz.
Tengo un pequeño regimiento de duendes viviendo en la cabeza.
Creo que todos llevamos un niño dentro.
O, al menos, deberíamos.
La familia.
Yo estoy profundamente orgullosa de la mía.
No es perfecta, ni falta que hace.
¿Qué es la perfección?
Yo prefiero lo perfectamente imperfecto.
Observo mucho.
Paso buena parte del día rodeada de personas. Me gusta observar. Escuchar. Imaginar las historias que esconden quienes pasan delante de mí.
Mi trabajo me ha regalado un lugar privilegiado desde el que contemplar la condición humana. He visto nacer amistades, despedidas, reconciliaciones, silencios incómodos y carcajadas inolvidables. Hay personas a las que termino cogiendo un cariño inmenso. Otras me recuerdan que la paciencia también se entrena.
Estoy convencida de que todos llevamos una historia dentro. Algunas personas la cuentan enseguida; otras tardan años en abrir ese cajón.
Siempre soñé con una pluma.
Como muchos adolescentes, crecí buscando referentes en el cine, la música, la literatura o el deporte.
Sin embargo, mientras observaba cómo otras chicas soñaban con vivir los romances de aquellas películas, yo me quedaba mirando hacia otro lugar.
Las miraba a ellas.
A las mujeres que escribían.
No me fascinaban sus historias de amor. Me fascinaba que fueran ellas quienes las contaban.
Adoraba a aquellas mujeres que sostenían una pluma.
Mujeres que tenían algo que decir y encontraban el valor para escribirlo y compartirlo con los demás.
Esa quería ser yo.
Una Carrie Bradshaw. Una Bridget Jones. Una Andie Anderson. Una Josie Geller. O, más recientemente, la mismísima Lady Whistledown.
Con el tiempo comprendí que no soñaba con ser un personaje de ficción.
Soñaba con abrir paso a mi propia voz.
Y, si algún día mis palabras consiguen convertirse en un pequeño refugio para alguien, como las suyas lo fueron para mí, sentiré que aquel sueño de adolescente habrá encontrado, por fin, su lugar.
Gracias por haber llegado hasta aquí.
Ojalá encuentres entre estas páginas alguna historia que te acompañe, una reflexión que te haga sonreír o un rincón al que te apetezca volver.
Lo demás... supongo que lo iremos descubriendo juntas con el tiempo.
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