La volubilidad del deseo femenino.

 

Quiero dedicar, siempre que me sea posible, un momento al finalizar el día para escribir.

Hacer alguna confesión, una reflexión o una simple valoración del día que he tenido. Compartir con vosotras si la jornada ha sido satisfactoria o si, por el contrario, ha sido una «merde».

Como he decidido llamar a estas entradas El cajón de la mesilla de noche por su tono íntimo y porque siento que representa muy bien lo que quiero crear, qué mejor manera de empezar que hablando precisamente de ese espacio tan íntimo que puede decir tanto de cómo somos, de lo que escondemos y de lo que ocultamos.

¿Qué guardamos en los cajones de nuestras mesillas de noche?

Yo, desde hace mucho tiempo, guardo las bragas rápidas. Las llamo así por ser monocromáticas y prácticas. Cuando suena el despertador, abro el cajón y me las pongo más veloz que una gaviota al aterrizar sobre la mesa cuando abandonas una terraza.

Su durabilidad es muy subjetiva; a mí me pueden durar años, aun con la goma estirada, el hilo colgando o la puntilla descosida. Mientras sean cómodas, no se desechan hasta que no parezca que les ha pasado un tren por encima. Quizá esa sensación sea la que más extraño: ser arrollada por un tren a toda marcha y descontrolado, sin miedo a sufrir el tirón en la pantorrilla o la lumbalgia.

En el mueble de la cómoda tengo las que están conjuntadas con su bra. La indumentaria de la tentación y el deseo. Completamente perfectas. Con su puntilla, sus transparencias, de tanguita, brasileñas o culottes. De vivos colores: rosa romántico, animal print y salvaje, o satén rojo pasión que lo pide a gritos.

Tengo una gran colección y permanece intacta. A pesar del paso del tiempo, de los años de matrimonio, de la falta de tiempo, de las escasas oportunidades para la intimidad desde que llegaron los hijos y de la falta de energía tras jornadas eternas y agotadoras.

Al abrir ese cajón, no veo lencería. Veo a la mujer que fui antes del Hashimoto y la depresión.

Quizá todas tengamos un cajón que habla de nosotras mucho mejor que nosotras mismas.

¿Qué guarda el cajón de vuestra mesilla de noche?

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